El 14 de mayo, de 1948 David Ben Gurión en la ciudad de Tel Aviv, proclamó la Independencia del estado de Israel. Después de un largo exilio de casi dos mil años, en el cual los judíos deambularon desde un extremo de la tierra a otro, al fin podían tener un lugar propio donde habitar y crecer. Desde entonces, han escrito una historia que está lejos de ser terminada, que aún está en construcción, pero que desde ya sobrepasa todos los récords que se puede imaginar. Esta tarde veremos algunos de ellos, los cuales no pueden ser catalogados de menos que, milagros.

El primer gran milagro de Israel es que exista Israel. La sola existencia de este pueblo desafía a toda lógica. Los judíos enfrentaron las guerras que aparecen en la Biblia, soportando dos mil años más de persecuciones y exterminios en manos de los romanos, islámicos, los cruzados, la inquisición católica, los comunistas y el holocausto nazi. Además han tenido que soportar duras campañas de antisemitismo, discriminación, libelos de sangre, expulsiones (como la de España en 1514), altos tributos, vulneración de derechos, guettos, progromos, etc. Hasta en la actualidad, los judíos son acusados de destruir al pueblo palestino, o de ser quienes están detrás de los “illuminati” que quieren conquistar el mundo; o como sucede en Chile, donde los judíos son acusados de querer adueñarse de la Patagonia chileno-argentina para establecer un nuevo Israel. Esto último así como todo lo anterior son mentiras y constituyen el gran esfuerzo de los detractores por demonizar a Israel. Es por ello que su supervivencia implica el mayor de todos los milagros.

En palabras de Mark Twain:

“Los egipcios, los babilonios y los persas ascendieron, llenaron el planeta con ruido y esplendor, y luego se desvanecieron a una substancia de sueño y se disiparon. Los griegos y los romanos vinieron después, y ocasionaron un inmenso estruendo y se han ido. Otros pueblos han crecido y han mantenido alta su antorcha durante un tiempo, pero ésta se extinguió y ahora reposan en el crepúsculo o han desaparecido. El Pueblo de Israel les vio a todos, venció a todos y es ahora lo que fue siempre. Todas las cosas son mortales, menos el judío; todas las otras fuerzas pasan, pero él persiste. ¿Cuál es el secreto de su inmortalidad?

Este milagro toma aún mayor relevancia si nos percatamos que la creación del estado de Israel emerge después del mayor intento de genocidio contra el pueblo hebreo en toda la historia; el Holocausto. 6 millones de judíos, una tercera parte de todos los judíos del mundo, perecieron en esta masacre. La “solución final” esgrimida por el nazismo llevó a casi el exterminio de toda la población judía de europa en donde todo ese continente se convirtió en una verdadera cárcel mortal. El mundo contempló enmudecido las atrocidades perpetradas por los nazis y aliados europeos, sin hacer el menor esfuerzo por detener el proyecto de exterminio sistemático llevado a cabo en los campos de concentración. Sin embargo, tras los campos de muerte, Auswichts y las duchas de gas mortal, emergió el pujante estado de Israel. En las gráficas palabras del profeta Yeshayahu/Isaías:

“¿Acaso alguien ha visto algo tan extraño como esto? ¿Quién ha oído hablar de algo así? ¿Acaso ha nacido una nación en un solo día? ¿Acaso ha surgido un país en un solo instante? Pero para cuando le comiencen los dolores de parto a Jerusalén, ya habrán nacido sus hijos.” 66/8

Parece inverosímil que algo así pudiera suceder. No tiene comparación alguna con otro hecho ocurrido en la historia. Fue el profeta Ezequiel, quien describe una imagen muy gráfica de este hecho único, cuando en su capítulo 37, describe un valle de huesos secos, los cuales se recubren de músculos y piel, para luego recibir el espíritu de vida, formando un gran ejército. La interpretación de esta imagen simbólica nos la da Ezequiel desde el verso 11:

“Luego me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos representan al pueblo de Israel. Ellos dicen: “Nos hemos vuelto huesos viejos y secos; hemos perdido toda esperanza. Nuestra nación está acabada”.  Por lo tanto, profetiza y diles: “Esto dice el SEÑOR Soberano: ‘Oh pueblo mío, abriré las tumbas del destierro y haré que te levantes. Luego te regresaré a la tierra de Israel. Cuando eso suceda, pueblo mío, sabrás que yo soy el SEÑOR.  Pondré mi Espíritu en ti, volverás a vivir y regresarás a tu propia tierra. Entonces sabrás que yo, el SEÑOR, he hablado y que he cumplido mi palabra. ¡Sí, el SEÑOR ha hablado!’ ”». (vv 11 al 14)

Asimismo, leemos en Jeremías 30/7 y 8:

“En toda la historia nunca ha habido un tiempo de terror como éste. Será un tiempo de angustia para mi pueblo Israel. ¡Pero al final será salvo! Pues en ese día – dice el SEÑOR de los Ejércitos Celestiales -, quebraré el yugo de sus cuellos y romperé sus cadenas. Los extranjeros no serán más sus amos” (Nueva Traducción Viviente)

El Eterno profetizó muy claramente sobre este intento de genocidio al finalizar el período de diáspora del pueblo judío. Sin embargo la nación emerge de la muerte, retornando y poseyendo su tierra ancestral. De esta manera todos hemos entendido ante estos eventos anómalos y contradictorios que sólo el Eterno Dios de Israel lo ha hecho posible. Por ello, la supervivencia y sola existencia de Israel está fuera de toda lógica humana, y es el primer milagro al que nos referimos esta tarde.

Pero a la proclamación de Independencia le siguió un  tiempo complejo. El naciente estado contaba con 780.000 judíos y dos grupos armados, el Haganá y el Irgum. Ante ellos se erguían las fuerzas unidas de los millones de árabes, quienes estaban decididos a “lanzar los judíos al mar”. Por tanto Israel tuvo que dejar a un lado los festejos de su independencia y dedicarse a resistir por su supervivencia. La comunidad internacional no se involucró mayormente ante la posibilidad de un nuevo Holocausto, dejaron a los judíos a su merced. La guerra duró cerca de un año y pese a la evidente desventaja militar, el pequeño estado judío logró su victoria y aún aumentó sus límites territoriales. Sólo la Mano de Dios permitió lo que ante toda lógica era impensable.

Sin embargo, la parte oriental de Jerusalén que contiene los lugares santos, no logró quedar en manos judías, sino que quedó en manos de Jordania. Es muy revelador el hecho de que durante este tiempo, hasta el 1967, nunca nadie presionó por la creación de un estado palestino. No fue sino hasta que los judíos tuvieron el control completo de la Ciudad Santa, que surgió la noción de “pueblo palestino” como una entidad nacional distinta a la del resto de los árabes.

Lo que nos abre la puerta para el segundo gran milagro de Israel: la sobrevivencia a los conflictos bélicos.

El salmista Asaf escribe el profético Salmo 83, en el cual describe una alianza de las naciones vecinas de Israel, que traman su destrucción y un clamor a Dios por justicia. Desde 1948 este salmo profético viene cumpliéndose:

“¡Oh Dios, no guardes silencio! No cierres tus oídos; no te quedes callado, oh Dios. 

¿No oyes el alboroto que hacen tus enemigos? ¿No ves que tus arrogantes adversarios se levantan?  Inventan intrigas astutas contra tu pueblo; conspiran en contra de tus seres preciados.  

«Vengan —dicen—, exterminemos a Israel como nación; destruiremos hasta el más mínimo recuerdo de su existencia».  

Efectivamente, ésta fue su decisión unánime. Firmaron un tratado de alianza en tu contra: los edomitas y los ismaelitas; los moabitas y los agarenos;  los giblitas, los amonitas y los amalecitas; y los habitantes de Filistea y de Tiro. Asiria también se unió a ellos y se alió con los descendientes de Lot.

Haz con ellos lo mismo que hiciste con los madianitas y como hiciste también con Sísara y con Jabín en el río Quisón.  Fueron destruidos en Endor, y sus cadáveres en descomposición fertilizaron la tierra.  Que sus poderosos nobles mueran como murieron Oreb y Zeb; que todos sus príncipes mueran como Zeba y Zalmuna,  porque dijeron: «¡Vamos a apoderarnos de estos pastizales de Dios y a usarlos para nuestro beneficio!»  

¡Oh mi Dios, espárcelos como a arbustos que ruedan, como a paja que se lleva el viento! Así como el fuego quema un bosque y una llama incendia las montañas,  persíguelos con tu tormenta feroz, atérralos con tu tempestad.  

Desacredítalos por completo hasta que se sometan a tu nombre, oh SEÑOR.  Que sean avergonzados y aterrorizados para siempre; que mueran en deshonra. 

Entonces aprenderán que sólo tú te llamas el SEÑOR, que sólo tú eres el Altísimo, supremo sobre toda la tierra.” (Nueva Traducción Viviente)

Efectivamente, las naciones vecinas de Israel se unieron para destruir al estado judío. Lo intentaron en la guerra de Independencia; luego en el conflicto del Canal de Suez; en la Guerra de los Seis Días; seguido por la guerra de Yom Kipur; la guerra del Líbano; la Primera Intifada; la Guerra del Golfo; y la Segunda Intifada. Además contra la Franja de Gaza se han desarrollado tres eventos bélicos: Plomo Fundido (2009), Pilar Defensivo (2012) y Operación Margen Protector (2014) con el objeto de frenar los ataques de Hamas quienes efectuaban de forma constante el lanzamiento de cohetes e infiltración subterránea mediante sofisticados túneles construidos por millones de dólares donados por las naciones a la “causa palestina”.

 

Conforme a lo escrito en el Salmo 44:

“Tú eres mi Rey y mi Dios; tú decretas las victorias de Israel. Sólo con tu poder hacemos retroceder a nuestros enemigos, sólo en tu nombre podemos pisotear a nuestros adversarios” (44/4 – 5, Nueva Traducción Viviente)

Con el paso de los años, Israel tuvo que desarrollar nuevas tecnologías para superar los nuevos desafíos en el campo de batalla, así como militarizar el país para garantizar su seguridad nacional. Todos los jóvenes deben realizar el servicio militar obligatorio (tres años los varones, dos años las damas).

El 4 de Iyar según el calendario hebreo (que en el 2018 cayó el 18 de abril según el calendario occidental) Israel celebra “el día del recuerdo de los caídos” “yom hazikaron”, en memoria de sus valientes soldados, quienes dieron sus vidas en defensa del estado judío dando la batalla en las guerras anunciadas por el Salmo 83. La suma total de mártires asciende a 23.134 soldados (1948 – 2018) quienes lo entregaron todo en el campo de las batallas del Salmo 83.

 

De las guerras mencionadas, vamos a resaltar algunos hechos significativos. La Guerra de los Seis Días permitió a los judíos recuperar Jerusalén Oriental, abriendo la posibilidad de acceder al Muro Occidental o Muro de los Lamentos, el único remanente del Templo de Jerusalén. En tan sólo seis días, las fuerzas israelíes lograron destruir los ejércitos de sus enemigos: Egipto, Siria, Jordania e Irak. Las fuerzas israelíes llegaron hasta Damasco, mas rehusaron conquistar la ciudad. Se afianzó el dominio sobre las Alturas del Golán (límite fronterizo de Israel con Siria, considerado esencial para la seguridad de Israel, serán reconocidos como frontera válida de Israel uno de estos días por el presidente Donald Trump), toda la Península del Sinaí (que sería cedida luego en 1982 a cambio de un tratado de paz con Egipto) y Cisjordania (que actualmente se configura legalmente como “tierra en disputa” donde se asienta la población “palestina”). Israel se hizo con las fronteras más holgadas de su historia moderna. A diferencia del control jordano, quienes no permitían a nadie el acceso al monte del Templo, los judíos desde 1967 permitieron el acceso al Muro Occidental para que quienquiera que necesite tener una conexión con el Creador pueda experimentarla como cualquier otro judío. Jerusalén es una ciudad especial para el Eterno, como lo indican muchos pasajes en la Biblia, en especial el Salmo 87/1 y 2:

“En el monte santo está la ciudad fundada por el SEÑOR. Él ama a la ciudad de Jerusalén más que a cualquier otra de Israel. Oh ciudad de Dios, ¡qué cosas gloriosas se dicen de ti!” (NTV)

Por ello anexar Jerusalén oriental significó restaurar por completo la antigua capital de Israel, desde los tiempos del rey David. Tal como lo anunció Jeremías:

“Esto dice el Señor: Cuando del cautiverio traiga a Israel de regreso a casa y cuando restablezca su bienestar, Jerusalén será reedificada sobre sus ruinas y el palacio reconstruido como antes” (31/18, Nueva Traducción Viviente)

Por otra parte, la guerra del Golfo Pérsico significó una gran amenaza para Israel. El demente de Saddam Hussein, el dictador de Irak, quien afirmaba ser descendiente directo del rey Nabucodonosor (el rey babilonio que destruyó el Templo) advertía a occidente acerca de sus intenciones expansionistas y además hacía transparentes sus objetivos de destruir el estado de Israel mediante el lanzamiento de cohetes y de armas químicas. Al amanecer del 02 de agosto de 1990 lo temido llegó y desde el norte se desató el mal (cp Jeremías 1/14). En palabras del Centro Leoned:

Irak comenzó atacando a Israel con sus proyectiles Scud de medio alcance, a un costo millonario, de fabricación soviética, mejorados por firmas europeas para transportar cargas de hasta 600 libras. En la Bahía de Haifa, más de un millón de toneladas de materiales explosivos están almacenados sobre tierra en tanques. Un golpe en el blanco podría incinerar la mitad de la ciudad en segundos. Con un millón y medio de personas en Tel Aviv, y 300.000 en el área Ramat Gan y Bnei Brak, de apenas dos millas de diámetro, los planificadores iraquíes tenían blancos ideales. El Scud está diseñado para aplanar edificios. Su explosión crea una onda de presión frontal. El cemento de un área de medio millón de pies cúbicos sale despedido, y los cristales estallan hasta a 1.400 pies en todas direcciones, generando una pared de cuchillos mortales de vidrio. El proyectil propiamente dicho tiene 40 pies de largo y pesa ocho toneladas. Al hacer impacto, los fragmentos supercalentados destrozan edificios en varias cuadras a la redonda. A las dos, en la madrugada del jueves, llegó el primer ataque. El sonido de las sirenas taladró la noche. La gente saltó de sus lechos. Con ojos entrecerrados y corazones incrédulos… exclamaciones… gritos… imágenes de guerras pasadas aparecieron ante los mayores… Polonia… la Guerra de la Independencia… Los padres apuraron a sus hijos a salas selladas. Nadie sabía qué había sucedido. La radio no había comenzado a emitir. Repentinamente se oyó una tremenda explosión. La tierra tembló. Los cristales se estrellaron por todos lados con fuerte estruendo… y entonces… silencio. ¿Qué había sucedido? Un ataque sobre Tel Aviv. La gente susurró versículos de Tehilím. Volvieron sus corazones hacia el Cielo, y oraron por la salvación: «Por favor Di-s, ¿hasta cuándo?» Era un ataque del proyectil Scud. La gente permaneció en sus hogares, con el terror quemándole las entrañas. Un frío sudor se deslizaba por sus rostros. Algunos casi murieron asfixiados, olvidando abrir el filtro de aire de sus máscaras. Tras un par de nerviosas horas, voceros del ejército anunciaron que se podía quitar las máscaras de gas, pero había que permanecer en los cuartos sellados. Una hora después, se autorizó a respirar libremente. Entonces llegaron las noticias. Cinco Scuds habían sido disparados sobre Tel Aviv. 400 apartamentos que albergaban a 1200 personas habían sido volados. Los hospitales estaban preparados para recibir víctimas masivas.

Llegaron las ambulancias. La mayoría de las `víctimas´ podría haberse atendido por sí sola. Un joven tenía algunos rasguños de vidrios rotos. Una mujer sufrió una torcedura. Hasta los no religiosos declararon que era un milagro. Un Scud dió en una fábrica. Los otros erraron el blanco, sin ocasionar daños. Un misil aterrizó en el complejo de almacenaje de petróleo de alta seguridad para la planta de energía eléctrica de Tel Aviv. La cabeza balística abrió un cráter de 10 metros de diámetro, despedazando una tubería de petróleo que no había sido usada en años. Apenas unos centímetros más lejos, las tuberías en uso seguían intactas. En Haifa cayeron 9 Scuds esa noche. Uno aterrizó al frente de la refinería de petróleo. Los otros ocho se hundieron en el Mediterráneo. A la mañana siguiente Irak disparó otros 5 proyectiles hacia Tel Aviv. El primero hizo blanco en el área de Exposiciones — vacía en Shabat. El segundo sobre una estación de servicio en un área residencial — cerrada por primera vez ese Shabat. El tercero estalló directamente sobre un refugio antiaéreo en el sur de Tel Aviv, utilizado temporalmente como sinagoga. Adentro habían apiñadas doscientas personas. La onda arrojó a la gente como muñecas. El aire se llenó de polvo y olor a pólvora. Sólo la pared oriental, con el Arca de la Torá, quedó en pie. Ni una persona se lastimó. Cuando el Primer Ministro Itzjak Shamir visitó el sitio, preguntó: «¿Había gente aquí?» «Sí», respondió Shlomó Lahat, Alcalde de Tel Aviv, «doscientas personas. Se salvaron por milagro». Durante las seis semanas siguientes, 39 proyectiles cayeron sobre Israel. La rutina diaria de vida fue truncada. Las escuelas y muchos negocios cerraron. Con todo, no había cabezas químicas. Se destrozaron edificios. Se derrumbaron rascacielos. Pero milagrosamente nadie sufrió daños personales. Durante el curso de la guerra, 7.987 apartamentos, negocios e instituciones públicas, fueron dañados sólo en el área de Tel Aviv. Más de 2.100 fueron destruidos completamente. 6.500 personas estaban en las inmediaciones del área donde estallaron los Scuds. De éstas, sólo 1.000 necesitaron ser trasladadas a un hospital. De éstas, sólo 60 tuvieron que quedarse más de unas pocas horas. De éstas, 30 tenían una pierna o un brazo fracturado. Había una sola víctima fatal directa de los Scud. Tuvieron lugar incontables milagros. Por todo el mundo los judíos se reunieron, fortaleciendo su fe en el Creador del mundo tal como previamente el rabino Menajen Mendel Schneerson había dicho que «Israel es el lugar más seguro del mundo». El Primer Ministro Itzjak Shamir resumió los sentimientos de los israelíes cuando dijo: «Saddam Hussein, el fiel discípulo de Amalek, de Agag, de Hamán, de Hitler, prometió incinerar la mitad de Israel. Creyó que sus palabras se cumplirían. Con la ayuda de Di-s, su plan fue frustrado”. Hussein se rindió en febrero del `91.

 

Sólo la Mano Invisible del Eterno puede hacer algo así.

 

El Milagro del Retorno

Parece inverosímil que en medio de tantos enfrentamientos pueda desarrollarse una nación pujante. No sólo eso, sino que además el estado de Israel asimilaba con frecuencia a las enormes cantidades de emigrantes judíos, procedentes de todas las naciones, quienes abandonaban sus comodidades en la diáspora para retornar a su patria ancestral. Sin embargo, la seriedad de este asunto sobrecoge por su extensa referencia en la profecía bíblica, llenando decenas de textos que con mucha claridad, se aplican para este tiempo en que los judíos abandonan la diáspora cada vez más, para emigrar al estado de Israel:

“En ese día, el Señor extenderá su mano por segunda vez para traer de regreso al remanente de su pueblo: los que queden en Asiria y el norte de Egipto; en el sur de Egipto, Etiopía* y Elam; en Babilonia,* Hamat y todas las tierras costeras distantes.  

Levantará bandera en medio de las naciones y reunirá a los desterrados de Israel. Juntará al pueblo disperso de Judá desde los confines de la tierra.” Isaías 11/11 y 12

 “Así que no temas, Jacob, mi siervo; no te dejes abatir, Israel – dice el Señor – pues desde lejanas tierras los traeré de regreso a casa, y sus hijos regresarán del destierro. Israel regresará a una vida de paz y tranquilidad, y nadie lo atemorizará” Jeremías 30/10

 “»Ustedes, naciones del mundo, escuchen este mensaje del SEÑOR; proclámenlo en las costas lejanas: El SEÑOR que dispersó a su pueblo, lo reunirá y lo cuidará como hace un pastor con su rebaño. Pues el SEÑOR ha rescatado a Israel de manos más fuertes.  Vendrán a su tierra y entonarán canciones de alegría en las alturas de Jerusalén.” Jeremías 30/10 – 12a

 Desde 1886 Dios viene cumpliendo su palabra. En 1886 se organizó la primera gran inmigración, la primera “aliyah” (subida) organizada, a la tierra de Israel que en ese tiempo se encontraba bajo el dominio del Imperio Turco Otomano.

Jeremías 16/15: “En cambio dirán: “Tan cierto como que el SEÑOR vive, quien trajo a Israel de regreso a su propia tierra desde la tierra del norte y de todos los países a los que él los envió al destierro”. Pues los traeré nuevamente a esta tierra que les di a sus antepasados”.

“desde la tierra del norte”, se refiere a la cautividad de Babilonia, que sólo duró 70 años.

“y de todos los países a los que él los envió al destierro”, se refiere a la diáspora producida por los Romanos, la más extensa, de 1816 años. El pueblo obtuvo la redención a partir de la organización de inmigraciones conjuntas, de quienes se proponían regresar a su ancestral patria.

Otros pasajes que se pueden ofrecer sobre esta profecía son:

“Pero ahora esto dice el SEÑOR: «No llores más, porque te recompensaré —dice el SEÑOR—. Tus hijos volverán a ti desde la tierra lejana del enemigo. Hay esperanza para tu futuro —dice el SEÑOR—. Tus hijos volverán a su propia tierra.” Jeremías 31/16 y 17

“»En los días venideros —dice el SEÑOR—, el pueblo de Israel volverá a su hogar junto con el pueblo de Judá. Llegarán llorando en busca del SEÑOR su Dios.  Preguntarán por el camino a Jerusalén* y emprenderán el regreso a su hogar. Se aferrarán al SEÑOR con un pacto eterno que nunca se olvidará.” Jeremías 50/4 y 5

“ciertamente traeré de regreso a mi pueblo de todos los países adonde lo esparcí en mi furor. Lo traeré de regreso a esta misma ciudad para que viva en paz y seguridad. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios.” Jeremías 32/37 y 38

“Yo, el Señor Soberano, los reuniré de entre las naciones adonde fueron esparcidos y les daré una vez más el territorio de Israel” Ezequiel 11/17

“Pues los recogeré de entre todas las naciones y los haré regresar a su tierra” Ezequiel 36/24

No obstante, es importante señalar que si bien los judíos estuvieron 1816 años de exilio, sin embargo durante todo ese tiempo siempre existió una población judía en la tierra de Israel. La presencia judía en medio oriente y en Jerusalén es ininterrumpida a lo largo de la historia. Nunca perdieron su posesión de Jerusalén. A su vez, en medio de la diáspora (“galut”) los judíos siempre ansiaron regresar, sosteniendo fuertemente la convicción de su pertenencia a la tierra de Israel.

Sin embargo, este sentido de pertenencia de las juderías en la diáspora, nunca pudo concretarse de forma ordenada hasta el surgimiento del Sionismo.

Teodoro Herzl, un periodista judío austro-húngaro publicó en 1896 su libro “el Estado Judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía”, donde postula su idea de que su pueblo retorne a su tierra. Tras lo cual, inicia un movimiento basado en la autodeterminación del pueblo hebreo. Herzl llegó a la simple conclusión de que los judíos nunca obtendrían paz en tierra de gentiles. Dependía de ellos cambiar las cosas. Dejar de sobrevivir como pueblo, para disfrutar de la vida normal. El estado de Israel sería el refugio definitivo, para todos los judíos del mundo, logrando acabar con el sufrimiento de su pueblo, para siempre. Pese a que no presentaba rasgos religiosos, la visión que tuvo Herzl fue sencillamente profética.

En efecto, lo que dice la Profecía Bíblica es que el pueblo judío prosperará grandemente cuando retorne a su tierra, de la cual logrará tomar posesión plena, recibiendo grandes bendiciones del Cielo, y que nunca más serán afligidos como en el pasado:

“ciertamente traeré de regreso a mi pueblo de todos los países adonde lo esparcí en mi furor. Lo traeré de regreso a esta misma ciudad para que viva en paz y seguridad.” Jeremías 32/37

«Reuniré a los que añoran los festivales establecidos; nunca más serán avergonzados. Sin embargo, trataré con severidad a quienes te oprimieron. Salvaré al débil y al indefenso; reuniré a los que fueron expulsados. Daré gloria y renombre a los que fueron desterrados dondequiera que hayan sido ridiculizados y avergonzados. En ese día los reuniré y los traeré de regreso a casa. Les daré un buen nombre, un nombre distinguido entre todas las naciones de la tierra, cuando, ante sus propios ojos, restauraré tu bienestar. ¡Yo, el SEÑOR, he hablado!». Sofonías 3/18 – 20.

“Traeré a mi pueblo Israel de su cautiverio en tierras lejanas; reedificarán sus ciudades que están en ruinas y nuevamente vivirán en ellas. Plantarán viñedos y huertos, comerán sus cosechas y beberán su vino.  Los plantaré firmemente allí en su propia tierra. Nunca más serán desarraigados de la tierra que yo les di», dice el SEÑOR tu Dios.” Amós 9/14 – 15

Todos estos textos enfatizan con claridad, que el retorno de los judíos a su tierra no es circunstancial, sino que obedece a un diseño divino. Y a su vez, estos textos indican que el propósito de la voluntad del Eterno en traerlos, es para bendecirlos, prometiendo que nunca más volverán a sufrir los horrores del pasado. Israel ya experimentó los sufrimientos de la Diáspora. Ya bebió de la ira y soportó los años del “tiempo de angustia” (Jeremías 30/7), ahora sólo le depara prosperidad, hasta la venida del Mesías.

Milagros en su Gente.

La constante aliyah de judíos desde los cuatro ángulos de la tierra ha permitido que hoy en día Israel pueda contar con 7 millones de judíos entre sus fronteras, habiéndose superado 8 veces su población original en 1948 donde el número de israelíes era de menos de un millón de personas. Este hecho está unido a la reconstrucción de la gloria de las ciudades de antaño, ahora revividas gracias al ingenio judío. Como lo puntualiza el profeta Ezequiel:

”Esto dice el SEÑOR Soberano: cuando yo los limpie de sus pecados, volveré a poblar sus ciudades y se reconstruirán las ruinas.  Los campos que estaban vacíos y desolados, a la vista de todos, se cultivarán de nuevo.  Cuando los regrese a su tierra, la gente dirá: ‘¡Esta tierra era baldía y ahora se parece al jardín del Edén! ¡Las ciudades abandonadas y en ruinas ahora tienen murallas fuertes y están llenas de gente!’. (36/33 – 35)

Hay muchas ciudades israelíes que encarnan esta palabra, tales como Hebrón o Safed. Entre ellas destaca Tel Aviv, la cual, siendo una deshabitada colina, se fundó sobre ella una metrópoli, la segunda ciudad más grande y numerosa de Israel después de Jerusalén. En abril de 1909 un grupo de judíos de Yafo se reunió sobre una duna de arena junto al mar. Anotaron sus nombres sobre conchas marinas recogidas en la playa, y las usaron en una “lotería” para distribuirse las primeras parcelas. Así fundaron su “ciudad”, que llamaron “Ajuzat Bait” (“Casa Propia”). Los judíos tuvieron que drenar los pantanos y nivelar las dunas, cumpliendo la Palabra del Eterno.

Pese a las guerras y conflictos continuos, y que en casi todas las familias israelíes cuentan con un pariente que ha entregado su vida al servicio de su nación, Israel es uno de los países más felices del mundo.

Además es el tercer país más educado del mundo.

El Milagro Ecológico.

Dice Isaías 35. 1 y 2:

“Hasta el lugar desolado y el desierto estarán contentos en esos días; la tierra baldía se alegrará y florecerá el azafrán de primavera.  Así es, habrá abundancia de flores, de cantos y de alegría. Los desiertos se pondrán tan verdes como los montes del Líbano, tan bellos como el monte Carmelo o la llanura de Sarón. Allí el SEÑOR manifestará su gloria, el esplendor de nuestro Dios.”

En la zona de Aravá al sur del desierto del Neguev llueve apenas 25 milímetros de agua por año. La temperatura asciende hasta los 50 grados en verano. Sin embargo es allí donde se produce el 60% de hortalizas y frutas frescas del país. Israel es uno de los pocos países que comenzaron el siglo XXI con más árboles de los que tenía a principio del siglo XX. La organización sin fines de lucro Keren Kayemet Leisrael (KKL) ha plantado más de 240 millones de árboles, incluidas unas 7.500 hectáreas anuales de bosques. KKL cuida más de 40.000 hectáreas de bosques. Israel tiene más de 150 reservas naturales y 65 parques nacionales distribuidos por todo el país. Son muchos los laboratorios e institutos de estudio del suelo desértico en Israel. Adherido a la meta sionista de “hacer florecer el desierto”, Israel es uno de los dos países en que los desiertos se contraen y no se expanden. Colabora con diversas naciones africanas en el aprovechamiento del desierto y revertir la desertificación, recibiendo reconocimientos de la ONU por estos efectos. El territorio israelí está constituido en un 97% de tierras áridas. Ha desarrollado nuevas variedades de cultivos, adecuadas a las zonas áridas y semiáridas, a fin de controlar las plagas y brindar soluciones a las enfermedades de los suelos desérticos.

Conservación del Agua.

A través del uso de novedosos métodos de riego, la agricultura israelí ha logrado mejorar la eficiencia en el uso del agua de un 64 a un 90 por ciento, en comparación con los métodos tradicionales de riego por surcos. La empresa israelí Netafim fue pionera en el desarrollo del riego por goteo. Este método, ahora aplicado en el mundo entero, ayuda a horrar agua, mejora los rendimientos y protege al entorno. Israel tiene una Ley del Agua (1959) según la cual toda el agua es de propiedad pública.

Conclusión

Podríamos continuar hablando acerca de los avances de Israel en materia de energías alternativas o desalinización del agua, así como de la tecnología médica y computacional que día a día asombra, pero se ha dejado muy en claro cuántos milagros ha vivido el estado de Israel en estos 70 años y más.

Pero revisar la historia de este pueblo no nos habla principalmente acerca de su ingenio, o de su coraje. No nos muestra acerca de lo resilientes que han sido los judíos para poder soportar tantas injusticias y prevalecer indemnes con su cultura, fe y tradición. Hablar de Israel es alcanzar con la mirada al Creador del Universo. A Dios, el Eterno, quien cumple con su Palabra y hace conforme a su Voluntad, revelándose al mundo a través de Su pueblo, conforme a sus planes eternos. Sea Adonay Bendito para siempre.

 

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